jueves, 15 de febrero de 2018

Sobre mí: Lecturas que cambiaron mi vida


Lecturas que cambiaron mi vida.

Llego un poco tarde al boom de estas entradas y vídeos, pero es que antes no me apetecía hacer una entrada así. Ahora sí me apetece. Me he propuesto como reto, para mi vida, dejar o cambiar todas aquellas cosas que me molestan o no me gustan de mí, de apartar a las personas que me hacen mal y a las actitudes sumamente tóxicas que tengo en ocasiones. ¿Qué tiene que ver esto con los libros? Un montón, porque los libros, así como las películas, las canciones, los personajes, los años, las personas y las vivencias, me hacen ser quien soy. Los libros que marcaron mi vida dirán mucho de quién fui y de quién soy, estos libros son los que provocaron algo en mí que me hicieron cambiar de gustos o algún aspecto de la personalidad, o en la forma de ver las cosas.

Empecemos por el inicio. Pero no en el inicio en que Gabriel García Márquez me aburría, allá, cuando tenía unos ocho o nueve años. Vayamos a encontrarnos con “Tan azul” de Roy Berocay. Yo no soy mucho de leer autores de mi país. Roy Berocay es un autor que se volvió bastante importante en Uruguay, y siempre está sacando libros nuevos. Pero no hay nada como “Tan azul”, ni siquiera los libros anteriores que conforman la trilogía: “Pequeña Ala” y “La niebla”. A mí me regalaron “Tan azul” y lo leí antes de saber que había dos libros publicados, pero no hizo que lo entendiera menos o que me gustara menos. Yo debía de tener diez u once años. El libro es bastante corto, creo que apenas pasa las cien páginas, pero yo NO quería dejar de leerlo, en ningún momento. La historia cuenta las vivencias de Sebastián, un chico que tiene una banda con algunos compañeros del liceo y que lucha por entender que es lo que pasa en este país donde el arte existe, pero existe escondido, donde se lo ve más como entretenimiento y donde casi nadie (casi) puede vivir de su arte; intenta comprender qué pasa con el amor, qué pasa con Eliana, su ex novia; qué pasa con él. Las cosas de las que habla “Tan azul” son simples, pero son verdaderas. Yo todavía no estaba en la edad de los protagonistas, alrededor de quince o dieciséis años, pero la historia me encantó, hizo que quisiera leer más, logró que yo quisiera más libros, que me gustara esto de meterse en la cabeza de otras personas y vivir lo que ellas viven. Claro, al llegar (demasiado pronto) a la edad de los personajes los entendí todavía mejor, y lo peor es que ya pasé sus edades. “Tan azul” te llena de una familiaridad y una calidez que, supongo yo, tiene mucho que ver con que la historia esté ubicada en Uruguay, acá, mi país, y que tenga que ver con el arte, aquello a lo que quiero dedicarme. “Tan azul” me abrió las puertas a un nuevo mundo.


“Hush hush” de Becca Fitzpatrick. Sí, sí, un cliché, una mierda. Llamen a la saga como quieran, a mí me da igual. “Tan azul” me hizo querer leer más, pero yo no sabía exactamente qué quería leer. Alrededor del segundo año de secundaria conocí a One Direction y con la banda vinieron un montón de páginas que publicaban fanfic. En esa época el fanfic no estaba en Wattpad, era publicado por las (o los) creadores de contenidos de las páginas hechas por fans de One Direction. Leí un montón de fanfics de One Direction, uno de ellos fue “Hush Hush” (que no tenía ese nombre en la página, ni siquiera me acuerdo como se llamaba), en donde lo que hacían eran cambiar el nombre de Patch por el de Zayn Malik, bueno no, en realidad el nombre de Patch era el apodo de Zayn, como Patch es el apodo de Jev. En fin, lo leí todo y pensaba: “¡Es el mejor fanfic que he leído!”, porque comparado con otros fanfics estaba escrito de forma espectacular. Después me enteré que era una saga, busqué la saga por internet y listo, me leí los cuatro libros en una semana. Fueron los primeros libros que me compré porque yo quería. “Hush hush” es el libro que me adentró a la literatura, después de él no he hecho más que leer y leer. “Hush Hush” es para mí lo que “Crepúsculo” para la mayoría. También me acercó muchísimo a la temática angelical, que a mí me fascina y que, en mi opinión, le da mil vueltas a los hombre lobos y a los vampiros. Después de “Hush hush” vinieron sagas como “Oscuros”, “El gremio de los cazadores”, “Cazadores de sombras”, y un largo etc. Le debo estar haciendo esto y a escribir a “Hush Hush”.

“Cazadores de sombras” no hizo que en mi vida hubiese un antes y un después como con “Hush Hush”, pero “Cazadores de sombras” me ha acompañado por demasiado tiempo, y me acompañará por muchísimo tiempo más. Para mí, leer Cazadores de sombras es como estar en casa, los personajes son parte de mi familia, las historias son mis historias, tengo en la piel las runas y soy, a su vez, brujo, vampiro, hombre lobo y hada, pero sobre todo, soy una cazadora de sombras. Es muy difícil de explicar por qué me gusta tanto la saga, será por la acción, porque Cassandra Clare agarró una licuadora y metió un montón de elementos fantásticos dentro, pero lo hizo de una forma tan buena y tan creíble como pocas veces vista, porque los personajes son fantásticos. Me había gustado “Hush hush” antes, y me había gustado “Oscuros” y varias historias más, pero con “Cazadores de Sombras”, por primera vez, me sentí cercana a los personajes, me sentí parte de ellos y, a la vez, ellos son parte de mí. A la mayoría le gusta y se enamora con “Los orígenes” y ahora con “The dark artifaces” (que todavía no leí), pero yo sospecho que siempre me voy a quedar con la saga principal, porque Clary y Jace se han quedado grabados en mi corazón.


“El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde me hizo ver los clásicos de una forma distinta, y le dio pie a un montón de lecturas de clásicos como “El gran Gatsby”, “El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, “Sherlock Holmes”, es decir, me hizo retomar la fe en los clásicos, perdida cuando leí “Orgullo y Prejuicio” (puaj). Oscar Wilde me abrió las puertas a los clásicos e hizo que este libro se convirtiera en mi favorito. “El retrato de Dorian Gray” es una obra de arte, ni siquiera se puede explicar por qué, porque no hay explicación alguna, es arte, sus personajes son arte, su arte es arte, Dorian Gray es la personificación del arte y la obra en su composición me parece una alabanza o un tributo al arte. Es que divago con esta historia. Nunca olvidaré a Dorian Gray, porque Dorian Gray es ese espejo en el que no me quiero reflejar.

“En el camino a Jellicoe” de Melina Marchetta y “Marrow” de Tarryn Fisher van juntos porque los leí casi seguidos y porque ambos me parecieron que, en esencia, eran bastante parecidos. Éstos libros me destrozaron el corazón mientras me lo armaban, llegaron en un momento crucial para mí y desde entonces se han convertido en libros guía o libros modelo para lo que yo quiero escribir. “En el camino a Jelliceo” y “Marrow” dieron paso a libros como “Te daría el Sol”. Desde que los leí sólo he querido releerlos, y es que tienen esa cosa poética, esa forma de contar la vida, por cruda o sosa que tenga, que hace que me conmueva y me emocione. Quiero leer más libros como éstos y, sobre todo, quiero tenerlos pronto en mis manos.

La relectura de “Harry Potter” de J. K. Rowling dio paso no sólo a reseñas extensas. Me gusta Harry Potter desde que tengo, aproximadamente, diez años, cuando maratonee  en Cartoon Network, las películas. Un año después, vi la segunda parte de “Las reliquias de la muerte” en el cine. Estaba maravillada, gente que tenía los libros me los ofrecía y yo retrocedía temerosa porque pensaba “¡Cómo de complejos serán los libros si así son las películas!” y tenía un poquito (bastante) de razón. Hasta que un día dije “basta” y los leí. Y me aburrieron hasta que empecé a odiar todo lo que tenía que ver con Harry Potter. Después vino un boom y yo veía que a todos a mí alrededor les gustaba la saga; en mi clase este año éramos ocho alumnos, y a seis nos gustaba Harry Potter. Me superó. Hasta que me perdoné a mí misma por querer que una de mis sagas favoritas sea sólo mía. Me compré los libros entonces. Los leí de enero a junio de 2017 y DIOS. Es magia pura, los personajes, la historia, las subtramas, las frases, TODO es magia pura. Joanne Rowling es una genia. La relectura me hizo volver a amar Harry Potter, hizo que nacieran muchos personajes que se volvieron mis favoritos de la vida, como Remus, como Luna, como George, como Fred, como Neville. Siempre me gustaron más las relecturas que las lecturas, y este es el mejor ejemplo. Quiero volver a leerlos. Porque Hogwarts siempre será un hogar al que querré volver.


Por último, quiero nombrar a “The Raven Cycle” de Maggie Stiefvater. No he terminado la saga aún y quizá el último libro no me guste, pero hay varias razones por las que creo que esta tetralogía marca y marcará mi vida. En 2017, como dije en varias entradas, desde julio, fue un año en que la pasé extremadamente mal, fue un año de mierda (para hablar mal y pronto), pero con todas las letras, y aunque leí libros que considero, objetivamente, buenos, no me llegaron al corazón. Desde “Te daría el sol” y “Harry Potter” (junio y julio) hasta diciembre, cuando leí “La profecía del cuervo” (The Raven Cycle #1) ningún libro me emocionó, ningún personaje me interesó, ninguna trama me tenía en vilo. Y es que con The Raven Clycle no he podido dejar de leer y, lo que es mejor aún (y es por esto que se encuentra en esta lista), me llenó de ese sentimiento de familiaridad, de estar en mi hogar, como si yo perteneciera al grupo de amigos de esta saga; me hizo sentir lo que Cazadores de Sombras me hizo sentir aquella vez que los leí por primera vez y todas las veces que he vuelto a leer los libros. Con The Raven Clycle inauguro una nueva oleada de lecturas de me-importa-una-mierda-si-el-libro-que-estoy-leyendo-se-considera-bueno-o-no y yo-leo-lo-que-me-da-la-gana.

Porque no pienso leer nada por obligación y no pienso dejar de leer nada y disfrutarlo porque se le considere malo, así como no pienso dejar de ponerme la ropa que quiero, o teñirme el pelo del color que quiera, o sentir las cosas que siento por el simple hecho de que a los demás no les gusta o piensen que eso no debería ser así. Porque al fin y al cabo no quiero vivir una vida siendo algo que no soy, no quiero leer libros que no quiero leer, o vestir como quiero vestir, o sentir cualquier cosa que tenga que sentir, aunque quizá por eso me quede sola, no me interesa, porque no necesito a nadie. Y sé que esto parece que no viene al caso, pero viene al caso.

Así que les digo a ustedes, cualquier persona que esté leyendo esta entrada por las razones que sean: basta, los años pasan, y tú debes dejar de pensar lo que tu familia, o tus amigos, o la persona que te gusta, o quien sea, piensan de ti. Tú sólo puedes mandarte a ti mismo y nadie puede mandarte a ti, así que si querés leer algo, hacelo; si querés ver una película, hacelo; si querés verte ochenta capítulos en un día de una serie o un anime, hacelo; si querés tatuarte en la frente “ME GUSTA EL PITO” hacelo; si querés vestirte como tengas ganas y querés salir a la calle con eso puesto, sin miedo a que los demás te miren raro o incluso te digan algo, hacelo. Porque no tenés más oportunidades. Siempre es mejor arrepentirse por hacer algo, que tener la duda de que hubiese pasado, o quedarte con las ganas de hacerlo. Ya está, tenemos responsabilidades, sí, tenemos un planeta que salvar y personas a las que ayudar a ser mejores, pero para eso debemos ser nosotros mismos, salvarnos a nosotros mismos, crecer como personas. Se hace con paciencia, y con coraje.

Sobre todo quiero decirte, que no estás solo. Que al igual que yo tengo a todas historias conmigo, vos tenés a las tuyas contigo. Y me tenés a mí. Feliz 2018.

Valentine

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